El Autor

Pablo Solares Villar (Llanes, Asturies, 1976)


Mucho antes que barranquista, yo ya era espeleólogo. Desde la adolescencia (allá por el olímpico 1992) explorando y topografiando cavidades del Oriente de Asturias. Y en ello seguimos.

Mi primer descenso de cañones no vino hasta mucho después, ya finalizados mis estudios universitarios. Y aunque parezca una locura, y hasta algo reprobable, mi primer barranco fue guiando un grupo de clientes de turismo activo en El Vallegón superior. Eran otros tiempos...

He de confesar que el virus barranquista me atacó con fuerza, casi con furia febril. Y aquellos primeros años abordé el descenso de casi todos los barrancos del Oriente de Asturias de los que circulaba alguna referencia (a excepción de los del Parque Nacional de Picos, ya por entonces prohibidos). No eran muchos en realidad: Viboli, los Andamios, Carangres superior, Rubó, el Texu, Redonda, Escalada, algo más lejos las Xanas... Mi principal compañero de aventuras en aquel entonces fue Roberto Sordo, que lo sería durante bastantes años, junto a Jose Manuel Cardoso, Jaime Fuentes, o Ernesto Carrera, entre otros. Otra compañía importante fueron las cámaras de agua desechables, a una por barranco...

En la Foz del Ríu'l Texu, Ponga.
Ya en mi primer año de barranquista abordé la apertura -además en solitario- de un descenso: el Ríu d'Ilcéu, en el conceyu de Llanes. Sería la primera de muchas. Comprendimos en aquel tiempo el extraordinario potencial de cañones de todo el Oriente de Asturias y muy especialmente del Alto Sella y sus afluentes. Por un lado fuimos obteniendo información de otros descensos que previamente desconocíamos (Tolivia, San Pedru, Aguasaliu, Colín, Biamón...), y por otro lado le perdimos el miedo a meternos a barrancos desconocidos: empezamos a atacar más y más descensos. Íbamos equipados siempre como para realizar alguna apertura, aunque las más de las veces encontrábamos alguna clavija vieja, algún cordino comido por el verdín, o quizás un cinturón de seguridad de un coche o un viejo espit oxidado. De esta guisa, completamente a vista, cayeron la Escosal (¡cómo disfrutamos ese día!), Pompedru (sin cuerda ni anclajes, como se hacía entonces), Viarcellos inferior, Carangres inferior, la Riega Mayor y los Llamazones (aperturas, ambas en solitario), El Vallegón inferior, Santagustia, la Riega Vinceda, el Saltu'l Caleyu (apertura) y Miñances, El Caleyón de las Barbadas (que creímos apertura en aquel momento, aunque hoy ya no lo tengo tan claro), Mildón, la Foz del Color, el Vau Azones, la Cascada d'Abiegos, la Foz de Sobrefoz (apertura) y un largo etcétera que no sería capaz de recordar con orden.

Trabajé tres años de guía de turismo activo y luego lo dejé, dedicando mi actividad profesional a otros menesteres por otros tres años. Recuerdo de aquel entonces mi primer viaje a Guara, junto a Roberto Sordo y un amigo de Madrid. Hicimos en un fin de semana Gorgonchón, Mascún y Peonera superior, y además, en cierto modo, abrimos los ojos. Fue mi segundo despertar al barranquismo. Poco después compraría una de las primeras cámaras digitales acuáticas que salían al mercado español, compañera infatigable de aventuras durante muchos años.

He de mencionar que desde un principio realicé croquis y tomé notas de todos los barrancos que íbamos descendiendo. Llevaba desde los quince años topografiando cuevas, y para mi fue siempre la actitud natural también respecto a los cañones, documentarlos a la vez que explorábamos. Y otra pequeña obsesión fue la toponimia, que siempre quise fijar con corrección. De este modo, poco a poco me fui viendo con una gran cantidad de material en forma de croquis, reseñas y fotos, que lentamente iban cobrando el aspecto de una guía...

En el Cañón de Cicera, Cantabria.
Regresé al turismo activo. Y siguieron cayendo barrancos nuevos a la saca. Además de Roberto Sordo, mis principales compañeros en aquellos años fueron Lena Bayer (con quien realicé varios viajes a Guara), Ignacio Márquez, y posteriormente Jorge Núñez, Irene Muñiz y Nacho Montero. En los años posteriores a mi primera etapa como guía de barrancos me apunté el Saltu la Lloba, Trespuniellos inferior, Llagañozos inferior (apertura), la Caviella, Sorbeyu y Séu Espina (ambas aperturas, la segunda en solitario), la Porquera y el Vallizón (aperturas ambas), la Foz del Ríu Grande (apertura para el tramo superior), Los Canalizos, Cuasacas, la Guanga, Ríofrío, la H.oce d'Obrangu (apertura), Valcabreru, Dobra, la Foz del Ríu Villar (apertura para los tramos superior y medio), el Beyu'l Carmeneru, Los Calderones, y un largo etcétera, además de numerosos descensos en Guara, y alguno de Cantabria.

El año 2007 marcó para mí un punto de inflexión en lo referente a los barrancos. Por tres razones:

- La primera sería la creación, en Cangues d'Onís, de la Sociedad Espeleológica y Barranquista 'Escar', club del que soy fundador y que presidí durante sus primeros años, después de quince años en la Sociedad de Espeleología 'Hades'.

- En segundo lugar, fue el año en que acabé la guía '40 barrancos de Asturias', que la editorial Desnivel publicaría poco después. A nivel personal este libro me facilitó muchos contactos y me abrió algunas puertas. Y sinceramente creo que supuso un punto de inflexión para el barranquismo en Asturias, aunque quizás no sea la persona más indicada para señalarlo. En todo caso, es innegable que hoy son clásicos algunos cañones que sólo media docena de barranquistas conocíamos antes de la publicación de la guía, y que (dejando a un lado la actividad de las empresas) la práctica de nuestro deporte se ha multiplicado exponencialmente en la región desde entonces (obviamente también por otras razones).

- En tercer lugar, en septiembre y octubre de ese año realicé mi primer viaje o 'expedición' barranquista, a Isla Reunión junto a Jorge Núñez. Nos planteamos el reto de descender el Trou de Fer y nos lo trajimos en la saca junto a algunos otros descensos.

En la Caverna del Minotauro. Trou de Fer.
Desde ese 2007 hemos realizado otros muchos cañones y se han acumulado en la memoria otras muchas vivencias barranquistas. Junto a Nacho Montero y María Herrera montamos una empresa, EAEC, Escuela Asturiana de Espeleología y Cañones, proyecto que tuvo corta vida, pero época en la que abordamos otros numerosos descensos (Tajadura, La Güesal, Viarcellos superior, L'Escuciarréu, por citar algunos pocos), y alguna apertura (el Regueru'l Cuernu). Época también de salidas fuera: a León, a Pirineos, a Cáceres... Después el trabajo más institucional y acaso más burocrático de presidir la Federación d'Espeleoloxía del Principáu d'Asturies, cargo que sigo ostentando en la actualidad.

En el disco duro se han ido acumulando las informaciones y las reseñas, las fotos y los mapas... El virus del barranquismo me atacó en su día con furia febril, ya lo dije. Y su virulencia no ha decaído por completo con los años, aunque haya sufrido altibajos. Hoy son nuevos compañeros y nuevos barrancos. Nuevas aperturas en los últimos tiempos. Entre los compañeros no puedo dejar de citar a Julio Montes, Juan Carlos Riobello y Victoria Álvarez, entre otros. Entre las últimas aperturas podríamos mencionar el Porriñal, la H.ermosa, o la Foz de la Riega l'Infiernu. Y entre las últimas aventuras, un viaje recientemente realizado a Madeira o la enésima visita a Guara.

Hoy son tiempos también de nuevas prohibiciones, absurdas y abusivas, que ponen al barranquismo al borde de la extinción en Asturies, y que obligan al barranquista a tomar decisiones éticas y personales de calado. Que le obligan también a buscar nuevos terrenos de juego.

Y es también tiempo de nuevos proyectos...

Como nuevos libros, en los que llevo algún tiempo, a ratos, trabajando.

Como este blog, para dar pública salida a parte de ese archivo fotográfico que he ido acumulando con los años y los barrancos, de Asturies y de otras geografías. No estarán todos los barrancos que he descendido, pues por desgracia de buena parte de ellos no tengo fotos (o al menos fotos de suficiente calidad como para ser hechas públicas), pero sí una muestra representativa de las distintas zonas donde he descendido cañones. Cañones en caliza y en cuarcita, en conglomerado y en arenisca, en granito y en gneis, en basalto y piroclastos, en pizarras... Muchos por desgracia, han pasado a engrosar con los años la lista de barrancos prohibidos.

A lo largo de los años han sido muchos los barrancos, los compañeros, las vivencias, las risas, los sustos también, las experiencias ganadas y los mosquetones perdidos, también muchos los clientes y los alumnos, las pateadas, muchos kilómetros de cuerda ensacada y plegada, bastantes neoprenos y más botas, magníficos los rincones de belleza extraordinaria en el seno de los cañones, las muestras de la vida que se aferra a duras penas en este entorno hostil, muchos los croquis dibujados y las horas cara a la pantalla del ordenador, muchos los mazazos al espitador, muchas alegrías y alguna que otra decepción, un luto... A lo largo de estos años, el descenso de cañones ha formado parte importante de mi vida, casi tanto como la espeleología y ambas vividas del mismo modo: como descubrimiento del medio natural, como exploración de los últimos rincones vírgenes, con inmensa admiración y respeto, con una fascinación en la que lo deportivo no juega sino un papel secundario de la vivencia del hombre frente a la naturaleza salvaje e indomable.

Y sé que son aún muchas las experiencias por vivir en ese mágico entorno que son las foces y los beyos, los cañones y los barrancos.

Si a través de las fotografías publicadas en este blog consigo compartir parte de la magia y de la belleza de los cañones y barrancos reseñados, entonces podré considerar cumplido el propósito con el que este blog nació.



2 comentarios:

  1. Me ha encantado! :) A mi al menos, de momento, me has despertado el interés! Así que te doy las gracias!!! Gracias!!! )

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